Una semana en Toronto: lo que el Consejo Mundial nos recordó sobre quiénes somos
- ACJ Montevideo

- hace 1 día
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Hay semanas que valen por lo que sucede en ellas, y otras que valen por lo que revelan. La participación de la ACJ de Uruguay en el 21º Consejo Mundial de YMCA, celebrado en Toronto bajo el lema TRANSFORM, fue de las segundas. Durante varios días, más de 1.800 dirigentes de más de 80 países compartieron un mismo espacio, y en ese espejo enorme nuestra organización volvió a ver con claridad algo que a veces, en la rutina del día a día, se vuelve difuso: que una ACJ de barrio en Uruguay y un movimiento global presente en más de 120 países son, en realidad, la misma cosa.
Este es el recuento de esa semana. Pero más que una lista de actividades, es un intento de contar por qué importaron.

El puente entre lo local y lo global
Si hubiera que resumir el Consejo en una sola idea, sería esta: la YMCA existe en la tensión —fértil, no problemática— entre lo local y lo global. Cada asociación trabaja en su territorio, con sus jóvenes, sus campamentos, sus problemas concretos. Y al mismo tiempo forma parte de una red que multiplica ese trabajo a escala planetaria. Toronto fue, durante una semana, el lugar donde esas dos escalas se tocaron. Y Uruguay estuvo en varios de esos puntos de contacto.
La juventud, pensada desde las Naciones Unidas
Uno de los momentos más resonantes fue la conferencia de Felipe Paullier, uruguayo y Subsecretario General de Asuntos de la Juventud de las Naciones Unidas, invitado especialmente al Consejo. Paullier es la persona más joven en la historia de la ONU designada para un puesto directivo superior, y su intervención giró en torno a una idea que interpela directamente a la YMCA: las grandes metas en materia de juventud no se alcanzan solo desde los organismos internacionales, sino en alianza con las organizaciones que están todos los días en el territorio.
Por ser compatriota, nuestra delegación —encabezada por el Director General Gustavo Elizalde, junto a los dirigentes Ana Clara Martí y Mauro Fonticiella— fue convocada para recibirlo y acompañarlo durante su paso por el encuentro. Más allá del cargo, lo que quedó fue su cercanía: el tiempo que dedicó a cada joven que se acercó a conversar. Un uruguayo en la cúspide de la agenda global de juventud, dialogando con la organización que forma jóvenes desde el territorio. El puente, otra vez.
La juventud, formada desde la ACJ
Porque ese puente no es abstracto: tiene nombres. Durante el Consejo se realizó la graduación del programa Agentes de Cambio (Change Agents), la iniciativa de empoderamiento juvenil de la Alianza Mundial. Y allí, representando a Uruguay como miembro joven de nuestra delegación, participó Belén Carvalho, joven salteña.
Vale explicar qué es este programa, porque su dimensión no siempre se conoce. No es un taller breve: es un recorrido de 18 meses en el que jóvenes de entre 18 y 30 años trabajan en equipos regionales para resolver desafíos concretos de sus comunidades, conectando esa acción local con las estrategias globales del movimiento. Desde su creación en 2012, cerca de 900 Agentes de Cambio se han formado en más de 67 países. Que una joven de Salto sea parte de esa experiencia dice, mejor que cualquier discurso, lo que la ACJ ofrece: no solo actividades, sino un camino de crecimiento y liderazgo que conecta a un joven del interior del Uruguay con pares de todo el planeta.
Los campamentos, una identidad uruguaya que el mundo quiso escuchar
Entre las 47 sesiones temáticas del Consejo, hubo una dedicada a un tema profundamente nuestro: Around the Campfire — How Camp Builds Belonging Across the World ("Alrededor del fogón: cómo el campamento construye pertenencia en todo el mundo"). Y Uruguay no estuvo entre el público: estuvo en el panel. Nuestro Director General, Gustavo Elizalde, fue uno de los tres expositores de la sesión, junto a Natalie Corrall (YMCA de San Diego, Estados Unidos) y Rob Kennaugh (YMCA de Australia), presentando en conjunto la experiencia de los campamentos como espacio de pertenencia a escala global.
Que la ACJ de Uruguay haya sido uno de los tres movimientos elegidos para hablar de campamentos ante el Consejo Mundial dice algo importante sobre el lugar que ocupa Campamento Artigas, en Colonia, en el mapa global del movimiento. Los campamentos son uno de los sellos más queridos de nuestra organización —parte de la memoria afectiva de generaciones de uruguayos—, y verlos reconocidos como tema de conversación mundial confirma que aquello que hacemos en casa tiene valor mucho más allá de nuestras fronteras. La pertenencia que se construye alrededor de un fogón en Colonia es la misma que se construye en cualquier campamento del mundo.
Gobernanza: dirigentes uruguayos en la conducción del movimiento
La semana también dejó hitos en el plano institucional, que compartimos en nuestra comunicación anterior y que aquí solo recordamos, porque completan el cuadro: la elección de una dirigente uruguaya al frente de la región y el reconocimiento a la trayectoria de nuestras representantes en la gobernanza mundial. No es un dato menor que un movimiento de esta escala confíe responsabilidades de conducción a dirigentes formados en nuestra casa. Habla de la seriedad de un trabajo que no se ve en un solo evento, sino que se cultiva durante años.
Lo que nos llevamos
Si algo deja una semana así, no son las fotos ni los cargos: es una convicción renovada. La ACJ de Uruguay no es una organización local que ocasionalmente mira al mundo. Es parte constitutiva de un movimiento mundial que piensa, forma y acompaña a los jóvenes en más de 120 países, y en el que Uruguay no solo participa, sino que aporta, lidera y se destaca. Volvemos de Toronto con esa certeza. Y con la responsabilidad de que cada persona que se acerca a la ACJ —en Montevideo, en Salto, en Colonia— sepa que, al hacerlo, se está sumando a algo mucho más grande.
Gracias a cada dirigente y joven que representó a nuestra ACJ ante el mundo.














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