La magia de Liderato: creer, crear y construir junt@s
Una vez al año, en la ACJ de Montevideo, los jóvenes que están realizando el Curso de Líderes se encuentran en un campamento de formación. Y el lugar de ese encuentro no es un detalle menor: es el Campamento Artigas, un lugar de privilegio que forma parte de la historia, la identidad y la vida de la ACJ.
No se elige al azar. El Artigas tiene una magia propia, construida a lo largo de los años, a través de generaciones de jóvenes, referentes, campamentos, fogones, aprendizajes y experiencias compartidas. Aunque pasen los años y el lugar se transforme, hay algo que permanece: la posibilidad de encontrarnos, convivir, aprender y crear recuerdos que nos acompañan mucho más allá de esos días.
Esa historia también forma parte de la magia del Liderato. Llegar al Artigas es encontrarse con un espacio que tiene mucho para contar, pero también con la oportunidad de escribir nuevas historias y dejar nuevas huellas.
Hoy, sin embargo, no quiero detenerme solamente en lo maravilloso que es este lugar. Quiero contarles sobre la experiencia que vivieron los 75 jóvenes que participaron de este encuentro y sobre el equipo que, desde sus diferentes roles, experiencias y miradas, hizo posible que sucediera.
La magia comienza mucho antes de llegar al campamento.
Comienza cuando un equipo se reúne a pensar qué quiere transmitir, cuál es el propósito de ese encuentro y cómo lograr que la propuesta dialogue con los objetivos y los valores de la institución.
Es un trabajo paulatino, de muchas conversaciones, ideas, acuerdos y desafíos. No siempre es sencillo construir con equipos grandes, donde conviven distintas formas de pensar, de hacer y de entender el Liderato. Pero, al mismo tiempo, ahí está una de las mayores riquezas de este proceso: aprender a liderar, reconocer las fortalezas de cada persona y encontrar la manera de que todas puedan aportar lo mejor de sí.
En este equipo hay distintas generaciones, edades y experiencias. Cada integrante tiene su propia historia y su vínculo particular con la ACJ, desde diferentes roles y responsabilidades hasta el compromiso voluntario. Esa diversidad, lejos de ser un obstáculo, se convierte en una oportunidad para construir colectivamente. Y así, entre muchas ideas, miradas y formas de hacer, se hace posible un campamento para 75 jóvenes.
Este año, la magia fue el hilo conductor.
Pero ¿cómo se transmite la magia? ¿Cómo hacemos para que los jóvenes que están transitando su formación como líderes comiencen a descubrir y construir la suya propia?
La respuesta no está en enseñarles a repetir fórmulas ni en mostrarles un único camino. Está en ofrecerles experiencias, generar preguntas, abrir posibilidades y acompañarlos para que puedan encontrar su propia manera de hacer las cosas.
La propuesta no busca replicar lo que otros hicieron, sino invitarlos a mirar, pensar, experimentar y crear. Porque cada grupo es diferente, cada realidad tiene sus particularidades y cada líder tiene algo propio para aportar.
Los talleres de formación son parte de ese recorrido. En muchos de ellos, la experiencia es el punto de partida: vivir una actividad, ponerse en el lugar de quien participa y reconocer los cuidados, las decisiones y las responsabilidades que implica llevar adelante una propuesta con otros.
En otros espacios, la consigna es menos explícita. No hay una única forma de hacer ni una definición cerrada a la que llegar. Hay que imaginar, probar, conversar y construir. Y eso, en el momento, puede resultar difícil de comprender.
A veces necesitamos que pase el tiempo para mirar hacia atrás y entender qué nos dejó una experiencia, qué aprendimos y por qué fue importante.
Porque la formación también sucede ahí: en lo que vivimos, en lo que nos cuestionamos y en aquello que logramos comprender después.
Los jóvenes también tienen su propia magia.
Está en su capacidad de asombro, en la manera en que buscan soluciones a los conflictos de la convivencia, en las preguntas que hacen, en las cosas que se animan a cuestionar y en cómo van descubriendo qué lugar quieren ocupar.
Está en cómo se miran a sí mismos, cómo miran a los demás y cómo empiezan a involucrarse en aquello que les importa.
En un movimiento que está en constante transformación, quizás necesitamos hacer una pausa para observar todo esto con mayor claridad. Detenernos un momento, escuchar más y reconocer qué están necesitando los jóvenes de hoy. No para darles todas las respuestas, sino para ofrecerles las herramientas que les permitan construir las propias.
Sabemos que ellos son el futuro, pero también sabemos que el futuro no empieza mañana: el futuro es ahora. Las experiencias que viven hoy, los vínculos que construyen y las oportunidades que encuentran para participar van dejando huellas en la manera en que elegirán involucrarse, liderar y transformar su entorno.
La magia no está únicamente en un campamento, en un taller o en una actividad que sale como la imaginamos. Está en lo que sucede entre las personas, en los aprendizajes compartidos, en las preguntas que quedan abiertas y en las ganas de seguir construyendo juntos.
La magia está en cada uno. Y cuando nos encontramos, cuando ponemos en común nuestras ideas, nuestras experiencias y nuestros deseos, podemos crear algo mucho más grande que lo que lograríamos individualmente. Entre todos hacemos posibles esos hechizos potentes que nos permiten transformar, aunque sea, un pequeño pedacito de este mundo.
Jóvenes y referentes hacen posible todo esto. Unos se animan a descubrir, a preguntar y a construir su camino; otros acompañan, comparten experiencias y generan las condiciones para que ese camino pueda abrirse. Todos aprendemos en el proceso.
Porque hacer Liderato también es eso: mirar más allá de las actividades, detenernos en lo que sucede dentro de cada persona y confiar en lo que podemos construir cuando nos encontramos.
Y quizás esa sea la verdadera magia del Liderato: entender que no se trata de tener todas las respuestas ni de hacer siempre las cosas de la misma manera, sino de animarnos a creer, crear, compartir y ser parte.
Porque la magia ya está ahí. En cada joven, en cada referente y en cada encuentro que nos invita a imaginar que las cosas pueden ser diferentes.
La magia la tiene cada uno. El desafío es descubrirla, compartirla y hacerla crecer entre todos.
Responsable de Liderato ACJ Montevideo




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