Tu hijo entrena en serio, nosotros nos tomamos en serio sus estudios
- ACJ Montevideo

- 27 nov 2025
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 3 dic 2025
Cuando el deporte deja de ser un hobby
Cuando el deporte empieza a ocupar cada vez más espacio, muchas familias viven la misma escena: entrenamientos que se alargan, fines de semana de competencia, viajes, concentraciones, cambios de horario a último momento. Tu hijo o tu hija llega cansado, con la cabeza puesta en el próximo partido, en la marca que quiere bajar, en la clasificación que sueña. Y al mismo tiempo, ahí está el liceo, con sus materias, sus pruebas, sus trabajos, su ritmo que no se detiene.
Durante años, el mensaje implícito fue que había que elegir: o se aflojaba un poco el deporte, o se resignaba algo de la trayectoria educativa. Como si fuera imposible sostener las dos cosas a la vez.
¿Por qué un programa especial para estudiantes-deportistas?
El Bachillerato Deportivo del IUACJ parte de otra idea: el problema no es que tu hijo entrene y compita, el reto es que el sistema educativo responda, y tal como estaba, pocas veces veía al deportista y se adapta a su realidad. Por eso la propuesta nace de la vocación de cuidar la formación integral de la persona y del deportista, sin que una parte se coma a la otra.

¿Cómo funciona en la práctica?
Imaginá la vida de tu hijo o hija como una especie de doble escenario. En uno, viste los colores de su club, entrena, se exige, aprende a perder y a ganar, conoce el esfuerzo, la disciplina, el trabajo en equipo. En el otro, se sienta en un aula, comparte con compañeros, discute ideas, lee, hace cuentas, aprende a argumentar, a escribir, a pensar. En este programa no se borra ninguno de esos escenarios: se los hace convivir con inteligencia, cariño y planificación.
Para que eso pase, el IUACJ no ofrece “un trato especial” entendido como bajar exigencias, sino una forma distinta de organizar el camino. Se arma, para cada estudiante-deportista, una trayectoria singularizada: se mira su agenda deportiva, se ubican clases después del turno regular para que entrenamientos y estudio no choquen de frente, se abre la posibilidad de cursar presencialmente o conectarse por Zoom u otras plataformas cuando está compitiendo en el interior o incluso en el exterior. La institución asume que la vida de tu hijo no entra en horarios rígidos, y por eso diseña una propuesta híbrida, flexible y a la vez seria, con un tutor académico que lo acompaña de cerca, sabe qué está pasando y lo ayuda a sostener el ritmo.
Para que esto sea posible no alcanza con la buena voluntad de una sola parte. El programa se sostiene en un compromiso compartido entre estudiante, familia, club e IUACJ.
Lo que hace el IUACJ
Diseña una trayectoria singularizada para cada estudiante-deportista.
Ubica las clases vinculadas al programa después del turno regular, favoreciendo la articulación con los entrenamientos.
Ofrece clases presenciales y virtuales (por Zoom u otras plataformas), lo que permite que tu hijo/a participe esté donde esté: en Montevideo, en el interior o compitiendo en el exterior.
Garantiza una modalidad híbrida, coordinando los ajustes académicos necesarios.
Asigna un tutor académico que hace seguimiento cercano de la situación de cada estudiante.

Tu hijo/a sigue teniendo “vida de clase”
Sin embargo, esa flexibilidad no lo deja “fuera del sistema”. Tu hijo o hija sigue teniendo grupo, compañeros, docentes que lo conocen por su nombre, trabajos en equipo, proyectos que se hacen a varias manos. Mantiene su lugar dentro de la clase, su banco, su lógica de llegar, saludar, encontrarse. Eso es mucho más que un detalle organizativo: tiene que ver con la pertenencia, con sentir que además de ser deportista federado, sigue siendo estudiante, amigo, parte de algo que lo sostiene cuando las cosas no salen, cuando una lesión lo frena o cuando una competencia no se da como esperaba.
El compromiso es de todos
Claro que nada de esto funciona si el esfuerzo recae solo de un lado. El programa descansa en un compromiso compartido. Por un lado, el estudiante se hace cargo de su parte: asistir a las clases, ya sea presencialmente o en formato virtual; cumplir con las actividades y tareas que le proponen los docentes; estar presente en el liceo cuando no tiene entrenamiento ni competencia; sostener un compromiso académico destacado, que incluya alcanzar al menos una parte importante de la carga horaria regular del nivel. No se trata de “firmar y olvidarse”, sino de asumir que su proyecto deportivo y su proyecto educativo caminan juntos, y que él o ella es protagonista en los dos.
La familia también es central en esta ecuación
Capaz ya lo venís haciendo, pero ahora se vuelve parte formal del acuerdo: ayudar a organizar el calendario, acompañar las conversaciones con el club, asegurar –en la medida de lo posible– un dispositivo, conectividad y un espacio razonable para que pueda conectarse cuando la clase es virtual, estar al tanto de cuándo hay pruebas, cuándo hay viajes, cuándo hace falta avisar con tiempo para ajustar algo. Hay un puente que se construye todos los días entre lo deportivo y lo educativo, y vos sos una pieza clave en ese puente.
Del lado del club, la propuesta les pide algo que, cuando se entiende el impacto, suele vivirse como una alianza: avisar con anticipación los horarios de entrenamiento y competencia, compartir calendarios, ajustar cargas cuando se viene de un fin de semana muy intenso, facilitar que el deportista tenga momentos para estudiar. No se trata de “poner trabas al deporte”, sino de entender que un pibe o una piba que llega con su bachillerato terminado y una buena base académica también está mejor preparado para la vida en el alto rendimiento, para entender contratos, proyectos, estudios posteriores, e incluso para manejar su retiro deportivo cuando llegue ese momento.
El compromiso del estudiante
Para que funcione, tu hijo/a se compromete a:
Asistir a las clases (presenciales o virtuales).
Cumplir con las actividades definidas por los docentes.
Cuando no tenga entrenamiento o competencia, asistir normalmente al centro educativo.
Mantener un compromiso académico destacado y asistir al menos al 40 % de la carga horaria regular del nivel.
No se trata de “dar exoneraciones” sin más, sino de ayudarlo a sostener un nivel alto en ambos planos.
El rol de la familia
La familia es un apoyo clave. ¿Qué se espera de vos?
Facilitar los medios para la conexión virtual (dispositivo, conectividad, un espacio razonable para estudiar).
Acompañar la planificación con el club y la institución.
Estar al tanto del calendario deportivo y educativo, y ayudar a sostener el acuerdo entre todas las partes.
El compromiso del club deportivo
El club o institución deportiva también entra en la ecuación:
Informa al IUACJ con anticipación los horarios de entrenamiento y competencias.
Ajusta, cuando sea posible, las cargas (por ejemplo: si se compite el domingo, el lunes se hace un trabajo regenerativo para facilitar la asistencia a clase).
Favorece siempre la disponibilidad académica del deportista.

Seguimiento y evaluación continua
Desde la coordinación académica del IUACJ, todas estas piezas se van monitoreando. Se sigue de cerca cómo participa en las clases, cómo viene de conectividad, cómo rinde en las materias, cómo se siente con su grupo, cómo se acomodan los tiempos cuando hay viajes o concentraciones. No es un sistema automático: hay nombres, historias, situaciones específicas, y se toman decisiones caso a caso, siempre con la idea de proteger el desarrollo integral del estudiante. Periódicamente se evalúa el programa, se miran resultados, promedios, continuidad, y también cómo vivieron la experiencia el estudiante, la familia y el club.
¿Qué resultados podés esperar para tu hijo/a?
Cuando todo esto funciona como debe, al final del bachillerato tu hijo o hija no tendría por qué decir “dejé de competir para poder estudiar” ni “dejé de estudiar en serio para poder competir”. La idea es que pueda mirar para atrás y reconocer que sostuvo el deporte al máximo nivel que sus condiciones y su disciplina le permitieron, sin perder el año ni atrasar de manera innecesaria su proyecto educativo. Que recuerde que siguió teniendo amigos en el liceo, que no se aisló, que tuvo quien lo guiara en los parciales y las tareas, que llegó a la educación terciaria –si así lo desea– con hábitos de estudio y bases sólidas. Y, al mismo tiempo, que haya vivido el deporte como algo más que una sucesión de resultados: como un espacio de identidad, esfuerzo, valores y crecimiento personal.
¿Quiénes pueden acceder y qué se necesita?
Acceder a este tipo de acompañamiento supone, por supuesto, algunos pasos concretos. Es necesario inscribirse al inicio del año lectivo en el programa destinado a estudiantes-deportistas, además de cursar el Bachillerato Deportivo. Se firma un compromiso entre las partes –estudiante, familia, club e institución– donde todos expresan qué ponen sobre la mesa para que esto funcione. Se espera que el estudiante participe en las actividades institucionales cuando no interfieran con su agenda deportiva, y que mantenga un buen desempeño académico. Nada de esto es decorativo: son las reglas de juego que hacen posible que la flexibilidad no sea improvisación, sino planificación compartida.

Marco reglamentario
Todo este enfoque no nace solo de la buena voluntad o la sensibilidad del IUACJ. Detrás hay un marco normativo nacional que reconoce la realidad del deportista federado y promueve la compatibilización entre estudio y deporte. La Ley General de Educación, las disposiciones presupuestales específicas, los convenios entre la ANEP y la Secretaría Nacional del Deporte, las resoluciones del CODICEN, del CES, del CETP y de la DGES, así como los acuerdos con Ceibal, van en la misma dirección: habilitar adecuaciones de turno, propuestas educativas flexibles, tutorías para deportistas dentro y fuera del país y modalidades presenciales o virtuales para cuidar su trayectoria educativa. El Bachillerato Deportivo del IUACJ toma esa base legal y la baja a tierra en forma de un programa concreto, cercano y acompañado.


Yo fui deportista federado en mi adolescencia y no tuve algo así. En un momento tuve que elegir: o seguía entrenando en serio o me enfocaba en el liceo, y todavía hoy siento que alguna de esas dos partes quedó a medias. Ver que se avanza y existe un programa de Entreno y Estudio me da alegría: es exactamente el tipo de apoyo que me hubiera gustado tener para no tener que renunciar ni a mi deporte ni a mi formación y tener una trayectoria de vida laboral y estudio universitario seguro.