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Las 4 fases asociadas a la jubilación: lo que no te contaron (y necesitas saber)

Actualizado: 26 ago 2025

Cada aƱo, entre 30.000 y 40.000 uruguayos se jubilan


¿Qué ocurre después del último día de trabajo? ¿Qué se siente? ¿Cómo afecta emocionalmente la jubilación? ¿Es normal sentirse desorientado o incluso deprimido? ¿Se puede reinventar uno en esta etapa? Si la esperanza de vida supera los 77 años muchas personas vivirÔn entre 20 y 30 años como jubilados. ¿Estamos preparados? ¿Cómo ve esto la ACJ?


Estas son las preguntas que tambiĆ©n impulsaron al Dr. Riley Moynes, acadĆ©mico canadiense, a investigar en profundidad la experiencia emocional de jubilarse y lo que sigue. Tras entrevistar a decenas de personas ya jubiladas y vivir Ć©l mismo el proceso, identificó un patrón que se repite en la mayorĆ­a de los casos: cuatro fasesĀ emocionales y psicológicas por las que atravesamos al retirarnos del mundo laboral. Este artĆ­culo recoge su charla TEDxSurrey titulada ā€œThe 4 Phases of Retirementā€, y la complementa con datos del contexto uruguayo. Porque jubilarse no es solo dejar de trabajar: es entrar en una nueva etapa de vida que puede ser confusa, desafiante y, si se transita bien, profundamente gratificante.


šŸŽ„ Ver la charla completa (12 min) o te la resumimos aquĆ­.

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Jubilación en Uruguay: una etapa que abarca a cientos de miles de personas


Cada año, entre 30.000 y 40.000 uruguayos se jubilan. Según las proyecciones optimistas del sistema previsional, en 2025 habrÔ 32.786 nuevas jubilaciones. Y el total de personas que accede a pasividades en el país es aún mayor si sumamos las jubilaciones por invalidez y pensiones por fallecimiento.


Datos del Banco de Previsión Social (BPS):

  • 492.000Ā personas jubiladas por el sistema comĆŗn

  • 227.000Ā pensiones de sobrevivencia

  • 88.675Ā pensiones asistenciales

  • Cerca de 2.000 personas jubiladas continĆŗan trabajando, amparadas por las reformas recientes


Si consideramos que la esperanza de vida supera los 77 años, es razonable pensar que muchas personas vivirÔn entre 20 y 30 años como jubilados. ¿Estamos preparados para eso?

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No solo es cuestión de plata: también hay que prepararse física y emocionalmente

Mientras que la mayoría de los materiales sobre jubilación se enfocan en los ahorros, las inversiones o el patrimonio, Moynes identificó que muchas personas atraviesan un camino interior complejo. Algunas lo transitan sin saber lo que ocurre, otras se estancan. Pero hay una buena noticia: hay un mapa. Un marco que describe lo que sucede y ayuda a entender en qué etapa estÔs y hacia dónde se puede avanzar.


ā€œTodos dicen que hay que prepararse económicamente para jubilarte. Pero lo que no te cuentan es que tambiĆ©n hay que prepararse psicológicamente.ā€

 — Dr. Riley Moynes


Ā Sentirse autovalidado, autónomo y fĆ­sicamente competente no es un capricho de vanidad, sino una fuente profunda de equilibrio mental y Ć”nimo resiliente. Cuando ejercitamos nuestro cuerpo—con caminatas diarias, pilates, baile o cualquier movimiento que nos devuelva la sensación de ā€œpuedo con estoā€ā€”no solo reforzamos mĆŗsculos y articulaciones, sino que enviamos seƱales poderosas a nuestro cerebro: ā€œconfĆ­o en ti, cerebro; responde con energĆ­a, claridad y optimismoā€. Esa conexión bidireccional hace que una maƱana activa se traduzca en menor ansiedad, mejor concentración y un humor mĆ”s estable.

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Las 4 fases de la jubilación (y cómo atravesarlas)


Fase 1: Las vacaciones interminables

Es el comienzo. Finalmente libre. No hay despertador, ni jefe, ni rutina. Es como estar de vacaciones todo el tiempo: te levantƔs cuando querƩs, hacƩs lo que querƩs, y no hay obligaciones. Para la mayorƭa, esta fase dura unos 12 meses.


Pero despuĆ©s, ocurre algo inesperado: pierde el encanto. Aparece el aburrimiento. Y la pregunta inevitable: ā€œĀæEsto es todo?ā€

Al comienzo de la jubilación, te sumerges en una sensación casi mÔgica de libertad absoluta. Es como despertarte en una mañana de verano sin preocupaciones: el reloj deja de dictar tu día y cada jornada se presenta como un lienzo en blanco. Podés quedarte en la cama hasta que el sol te dé la gana, dedicar la mañana a un paseo tranquilo, leer esas novelas que esperaban en la estantería o descubrir un nuevo café en el barrio sin mirar el reloj.



Este perĆ­odo se siente como un regalo largamente esperado: no hay reuniones que atender, ni correos urgentes, ni jefes ni agendas que cumplir. Cada decisión —¿camino al parque o ir a gimnasia y pileta? Āæhoy me animo a ese taller de cerĆ”mica o invito a un amigo a un cafĆ©?— te llena de entusiasmo y placer. El dĆ­a se estira y podĆ©s saborearlo minuto a minuto, sin sacrificar ni un instante de tu libertad redescubierta.


Pero como toda luna de miel, este encanto no estĆ” llamado a durar para siempre. Al cabo de varios meses —o alrededor de un aƱo—, esa ausencia total de obligaciones comienza a perder su brillo. De pronto, la pregunta mĆ”s inesperada irrumpe en tu mente: ā€œĀæY ahora quĆ© sigue?ā€. Es en ese leve cansancio de la rutina sin rutina donde, sin darte cuenta, vas deslizĆ”ndote hacia la siguiente fase. Pero mientras dure, disfrutĆ” cada sorbo de cafĆ© sin apuro y cada amanecer sin alarma: esta es la verdadera esencia de las vacaciones sin fin que la jubilación te regala. Ese momento es la seƱal de que comienza la siguiente fase.

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Fase 2: La pérdida y desorientación

Esta es la etapa mĆ”s dura. Moynes la llama ā€œel bajónā€, y ocurre cuando nos damos cuenta de que perdimos mĆ”s que un empleo. Cuando llega ese momento en que la brillante promesa de dĆ­as sin alarma se torna un silencio incómodo, entras de lleno en la fase de pĆ©rdida y desorientación. Es como si, de pronto, el guión que habĆ­as seguido durante dĆ©cadas desapareciera: la rutina que antes te marcaba el ritmo se esfuma, y con ella se desvanecen las certezas sobre quiĆ©n eres y para quĆ© sirve tu dĆ­a. La ausencia de charlas mater con compaƱeros de trabajo o de reuniones que esperabas con emoción deja un hueco difĆ­cil de llenar.


Esa impresión de ser un actor secundario en la propia vida trae consigo una sensación de vacío que no habías previsto, y de pronto el miedo se instala en tus mañanas.

QuizÔ descubras que ya no reconocés el valor de tus experiencias: esos años de esfuerzo y responsabilidad, de decisiones importantes, ahora parecen no haber dejado huella. Y en ese desconcierto, pueden aflorar la tristeza, la ansiedad e incluso los nubarrones de la depresión.


Es como si un omnibus emocional te hubiera atropellado sin previo aviso: un choque brutal que sacude tu confianza y quiebra tu energĆ­a.

Te preguntarÔs si esto es normal o si te queda un rescoldo de fuerza para levantarte. ¿Cómo recuperar el interés por el día si, de pronto, lo que antes te motivaba ya no existe? Esta fase, aunque dolorosa, nos muestra hasta qué punto nuestras identidades estaban entrelazadas con el trabajo. Reconocer esa pérdida es el primer paso para preparar el terreno del cambio: enfrentar el duelo de lo que éramos para poder construir lo que podemos llegar a ser.


Las cinco grandes pérdidas que experimentamos:

  • La rutina

  • La identidad

  • Los vĆ­nculos sociales del trabajo

  • La motivación

  • La sensación de poder o relevancia


Todo eso desaparece de golpe. No lo vimos venir. Nos sentimos desorientados, vacíos, incluso deprimidos. Y con frecuencia, aparecen las llamadas 3D: Divorcio, Depresión y Decadencia física o mental


 Sin embargo, la autonomía física nos legitima como protagonistas de nuestra propia historia. Cada paso decidido refuerza la convicción interna de que somos capaces de cuidar de nosotros mismos, tomar decisiones y adaptarnos a lo inesperado. Ese sentimiento de autovalía se proyecta directamente en el plano emocional: nos sentimos menos vulnerables ante los cambios y mÔs dispuestos a afrontar retos con serenidad. AdemÔs, el cuerpo en movimiento libera endorfinas y otras neuroquímicas que actúan como antídotos naturales contra la tristeza o la apatía, reforzando el estado de Ônimo.

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Fase 3: Ensayo y error

Cuando uno decide que no puede ni quiere seguir sintiéndose así por los próximos 20 o 30 años, empieza esta fase. Es una etapa de exploración. De probar. De fallar y volver a intentar.

ā€œĀæCómo puedo volver a sentir que mi vida tiene sentido?ā€


Ā ā€œĀæCómo puedo contribuir?ā€

Moynes cuenta sus propios intentos:

  • Se unió a la junta del vecinos y no prosperó en cambios significativos

  • Intentó estudiar Derecho y ser mediador, Hizo un curso de resolución de conflictos; lo hizo pero tampoco avanzó.

  • Creó un taller de autobiografĆ­a


Nada funcionó del todo. Pero entendió algo clave: el sentido aparece cuando probÔs cosas que te entusiasman y que sabés hacer bien.


ā€œSi no encontrĆ”s eso, hay muchas probabilidades de volver a la fase 2.ā€

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Fase 4: Reinventarse y reconectar

No todos llegan. Pero los que lo logran, son los mÔs felices que Moynes conoció. Esta etapa implica responder grandes preguntas:

  • ĀæCómo quiero vivir mis aƱos restantes?

  • ĀæCuĆ”l es mi propósito?

  • ĀæCómo puedo ayudar a otros?


Las respuestas suelen encontrarse en el servicio y estilo activo: enseƱar, acompaƱar, compartir experiencia, ayudar. Pero en la jubilación o en cualquier momento de la vida, saber que podemos valernos por nosotros mismos—caminar distancias, alzarnos con fuerza, estirarnos sin dolor—nos evita caer en los ciclos de inseguridad y miedo a perder el control. Esa solvencia corporal nutre la confianza mental: el diĆ”logo interior se torna mĆ”s amable, mĆ”s dispuesto al ā€œyo puedoā€ que al ā€œĀæy si no…?ā€.



Cuando, tras navegar por el caos del desconcierto y el vaivén de los intentos, llegÔs a un lugar donde cada día tiene un propósito, estÔs viviendo la fase de reinvención y reconexión. Es como despertar un domingo por la mañana sabiendo que hoy vas a enseñar algo que amas, compartir tu experiencia y ver cómo florece en los demÔs. De pronto, tu agenda vuelve a latir: hay reuniones y se crean equipos, intercambios de ideas, proyectos que nacen de tu propia pasión.


Formaban clubes de cine, bridge, golf o lectura

ā€œEn la cuarta fase, recuperĆ”s todo lo que perdiste en la segunda: la rutina, la identidad, los vĆ­nculos, la motivación, y el sentido de poder.ā€

Pero en la jubilación o en cualquier momento de la vida, saber que podemos valernos por nosotros mismos—caminar distancias, alzarnos con fuerza, estirarnos sin dolor—nos evita caer en los ciclos de inseguridad y miedo a perder el control. Esa solvencia corporal nutre la confianza mental: el diĆ”logo interior se torna mĆ”s amable, mĆ”s dispuesto al ā€œyo puedoā€ que al ā€œĀæy si no…?ā€.


Si te vinculas positivamente sentís que recuperÔs no solo la rutina, sino también la dignidad de tu identidad renovada. Aquellas conversaciones triviales junto al café se han transformado en encuentros cargados de significado: compartís aprendizajes tecnológicos con vecinos curiosos, guías arquitectónicas con estudiantes, o consejos de vida con jóvenes que te miran con admiración. Tu voz recupera el peso del valor que sólo los años te brindan.


La motivación regresa con fuerza renovada: hay objetivos que cumplir, clases que preparar, iniciativas que coordinar. Y, mÔs que poder, recuperÔs la certeza de que tu contribución importa. Como protagonistas de un relato colectivo, tejés nuevos vínculos y fortalecés los antiguos, mientras descubrís que tu jubilación puede ser la etapa mÔs intensa y satisfactoria de todas. Es entonces cuando todas las pérdidas del pasado se convierten en el combustible de un presente pleno y de un futuro que todavía te sorprende.

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Conclusión: prepararse para todas las fases

ā€œDisfrutĆ” tus vacaciones en la primera fase.Ā EstĆ”s preparado para las pĆ©rdidas en la segunda.Ā ProbĆ” y equivocĆ”te todo lo que puedas en la tercera.Ā Y aprovechĆ” al mĆ”ximo la jubilación en la cuarta.ā€

 — Dr. Riley Moynes

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ACJ Activa para adultos y toda la vida


En Uruguay, donde mĆ”s de medio millón de personas ya estĆ”n jubiladas y muchas mĆ”s lo estarĆ”n en los próximos aƱos, es clave entender que jubilarse no es dejar de vivir. Es comenzar otra etapa —larga, profunda, desafiante— que puede ser la mĆ”s rica de todas, si se transita con conciencia, compaƱƭa y propósito y de eso se trata el Programa para adultos ACJ Activa.


En definitiva, la fortaleza física, la autonomía personal y el voluntariado son pilares de una mente serena y un Ônimo vital. Cuidar el cuerpo es, en última instancia, cuidar la salud emocional: es un acto de respeto hacia nosotros mismos que reverbera en cada pensamiento y emoción, y nos conecta con una versión de nosotros mismos mÔs resiliente, creativa y feliz que puede contribuir con otros.

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