Las 4 fases asociadas a la jubilación: lo que no te contaron (y necesitas saber)
- ACJ Montevideo
- 8 ago 2025
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 26 ago 2025
Cada aƱo, entre 30.000 y 40.000 uruguayos se jubilan
ĀæQuĆ© ocurre despuĆ©s del Ćŗltimo dĆa de trabajo? ĀæQuĆ© se siente? ĀæCómo afecta emocionalmente la jubilación? ĀæEs normal sentirse desorientado o incluso deprimido? ĀæSe puede reinventar uno en esta etapa? Si la esperanza de vida supera los 77 aƱos muchas personas vivirĆ”n entre 20 y 30 aƱos como jubilados. ĀæEstamos preparados? ĀæCómo ve esto la ACJ?
Estas son las preguntas que tambiĆ©n impulsaron al Dr. Riley Moynes, acadĆ©mico canadiense, a investigar en profundidad la experiencia emocional de jubilarse y lo que sigue. Tras entrevistar a decenas de personas ya jubiladas y vivir Ć©l mismo el proceso, identificó un patrón que se repite en la mayorĆa de los casos: cuatro fasesĀ emocionales y psicológicas por las que atravesamos al retirarnos del mundo laboral. Este artĆculo recoge su charla TEDxSurrey titulada āThe 4 Phases of Retirementā, y la complementa con datos del contexto uruguayo. Porque jubilarse no es solo dejar de trabajar: es entrar en una nueva etapa de vida que puede ser confusa, desafiante y, si se transita bien, profundamente gratificante.
š„ Ver la charla completa (12 min) o te la resumimos aquĆ.
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Jubilación en Uruguay: una etapa que abarca a cientos de miles de personas
Cada aƱo, entre 30.000 y 40.000 uruguayosĀ se jubilan. SegĆŗn las proyecciones optimistas del sistema previsional, en 2025 habrĆ” 32.786 nuevas jubilaciones. Y el total de personas que accede a pasividades en el paĆs es aĆŗn mayor si sumamos las jubilaciones por invalidez y pensiones por fallecimiento.
Datos del Banco de Previsión Social (BPS):
492.000Ā personas jubiladas por el sistema comĆŗn
227.000Ā pensiones de sobrevivencia
88.675Ā pensiones asistenciales
Cerca de 2.000 personas jubiladas continĆŗan trabajando, amparadas por las reformas recientes
Si consideramos que la esperanza de vida supera los 77 años, es razonable pensar que muchas personas vivirÔn entre 20 y 30 años como jubilados. ¿Estamos preparados para eso?
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No solo es cuestión de plata: tambiĆ©n hay que prepararse fĆsica y emocionalmente
Mientras que la mayorĆa de los materiales sobre jubilación se enfocan en los ahorros, las inversiones o el patrimonio, Moynes identificó que muchas personas atraviesan un camino interior complejo. Algunas lo transitan sin saber lo que ocurre, otras se estancan. Pero hay una buena noticia: hay un mapa. Un marco que describe lo que sucede y ayuda a entender en quĆ© etapa estĆ”s y hacia dónde se puede avanzar.
āTodos dicen que hay que prepararse económicamente para jubilarte. Pero lo que no te cuentan es que tambiĆ©n hay que prepararse psicológicamente.ā
Ā ā Dr. Riley Moynes
Ā Sentirse autovalidado, autónomo y fĆsicamente competente no es un capricho de vanidad, sino una fuente profunda de equilibrio mental y Ć”nimo resiliente. Cuando ejercitamos nuestro cuerpoācon caminatas diarias, pilates, baile o cualquier movimiento que nos devuelva la sensación de āpuedo con estoāāno solo reforzamos mĆŗsculos y articulaciones, sino que enviamos seƱales poderosas a nuestro cerebro: āconfĆo en ti, cerebro; responde con energĆa, claridad y optimismoā. Esa conexión bidireccional hace que una maƱana activa se traduzca en menor ansiedad, mejor concentración y un humor mĆ”s estable.
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Las 4 fases de la jubilación (y cómo atravesarlas)
Fase 1: Las vacaciones interminables
Es el comienzo. Finalmente libre. No hay despertador, ni jefe, ni rutina. Es como estar de vacaciones todo el tiempo: te levantĆ”s cuando querĆ©s, hacĆ©s lo que querĆ©s, y no hay obligaciones. Para la mayorĆa, esta fase dura unos 12 meses.
Pero despuĆ©s, ocurre algo inesperado: pierde el encanto. Aparece el aburrimiento. Y la pregunta inevitable: āĀæEsto es todo?ā
Al comienzo de la jubilación, te sumerges en una sensación casi mĆ”gica de libertad absoluta. Es como despertarte en una maƱana de verano sin preocupaciones: el reloj deja de dictar tu dĆa y cada jornada se presenta como un lienzo en blanco. PodĆ©s quedarte en la cama hasta que el sol te dĆ© la gana, dedicar la maƱana a un paseo tranquilo, leer esas novelas que esperaban en la estanterĆa o descubrir un nuevo cafĆ© en el barrio sin mirar el reloj.

Este perĆodo se siente como un regalo largamente esperado: no hay reuniones que atender, ni correos urgentes, ni jefes ni agendas que cumplir. Cada decisión āĀæcamino al parque o ir a gimnasia y pileta? Āæhoy me animo a ese taller de cerĆ”mica o invito a un amigo a un cafĆ©?ā te llena de entusiasmo y placer. El dĆa se estira y podĆ©s saborearlo minuto a minuto, sin sacrificar ni un instante de tu libertad redescubierta.
Pero como toda luna de miel, este encanto no estĆ” llamado a durar para siempre. Al cabo de varios meses āo alrededor de un aƱoā, esa ausencia total de obligaciones comienza a perder su brillo. De pronto, la pregunta mĆ”s inesperada irrumpe en tu mente: āĀæY ahora quĆ© sigue?ā. Es en ese leve cansancio de la rutina sin rutina donde, sin darte cuenta, vas deslizĆ”ndote hacia la siguiente fase. Pero mientras dure, disfrutĆ” cada sorbo de cafĆ© sin apuro y cada amanecer sin alarma: esta es la verdadera esencia de las vacaciones sin fin que la jubilación te regala. Ese momento es la seƱal de que comienza la siguiente fase.
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Fase 2: La pérdida y desorientación
Esta es la etapa mĆ”s dura. Moynes la llama āel bajónā, y ocurre cuando nos damos cuenta de que perdimos mĆ”s que un empleo. Cuando llega ese momento en que la brillante promesa de dĆas sin alarma se torna un silencio incómodo, entras de lleno en la fase de pĆ©rdida y desorientación. Es como si, de pronto, el guión que habĆas seguido durante dĆ©cadas desapareciera: la rutina que antes te marcaba el ritmo se esfuma, y con ella se desvanecen las certezas sobre quiĆ©n eres y para quĆ© sirve tu dĆa. La ausencia de charlas mater con compaƱeros de trabajo o de reuniones que esperabas con emoción deja un hueco difĆcil de llenar.
Esa impresión de ser un actor secundario en la propia vida trae consigo una sensación de vacĆo que no habĆas previsto, y de pronto el miedo se instala en tus maƱanas.

QuizÔ descubras que ya no reconocés el valor de tus experiencias: esos años de esfuerzo y responsabilidad, de decisiones importantes, ahora parecen no haber dejado huella. Y en ese desconcierto, pueden aflorar la tristeza, la ansiedad e incluso los nubarrones de la depresión.
Es como si un omnibus emocional te hubiera atropellado sin previo aviso: un choque brutal que sacude tu confianza y quiebra tu energĆa.
Te preguntarĆ”s si esto es normal o si te queda un rescoldo de fuerza para levantarte. ĀæCómo recuperar el interĆ©s por el dĆa si, de pronto, lo que antes te motivaba ya no existe?Ā Esta fase, aunque dolorosa, nos muestra hasta quĆ© punto nuestras identidades estaban entrelazadas con el trabajo. Reconocer esa pĆ©rdida es el primer paso para preparar el terreno del cambio:Ā enfrentar el duelo de lo que Ć©ramos para poder construir lo que podemos llegar a ser.
Las cinco grandes pérdidas que experimentamos:
La rutina
La identidad
Los vĆnculos sociales del trabajo
La motivación
La sensación de poder o relevancia
Todo eso desaparece de golpe. No lo vimos venir. Nos sentimos desorientados, vacĆos, incluso deprimidos. Y con frecuencia, aparecen las llamadas 3D: Divorcio, Depresión y Decadencia fĆsica o mental
Ā Sin embargo, la autonomĆa fĆsica nos legitima como protagonistas de nuestra propia historia. Cada paso decidido refuerza la convicción interna de que somos capaces de cuidar de nosotros mismos, tomar decisiones y adaptarnos a lo inesperado. Ese sentimiento de autovalĆa se proyecta directamente en el plano emocional: nos sentimos menos vulnerables ante los cambios y mĆ”s dispuestos a afrontar retos con serenidad. AdemĆ”s, el cuerpo en movimiento libera endorfinas y otras neuroquĆmicas que actĆŗan como antĆdotos naturales contra la tristeza o la apatĆa, reforzando el estado de Ć”nimo.
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Fase 3: Ensayo y error
Cuando uno decide que no puede ni quiere seguir sintiéndose asà por los próximos 20 o 30 años, empieza esta fase. Es una etapa de exploración. De probar. De fallar y volver a intentar.
āĀæCómo puedo volver a sentir que mi vida tiene sentido?ā
Ā āĀæCómo puedo contribuir?ā
Moynes cuenta sus propios intentos:
Se unió a la junta del vecinos y no prosperó en cambios significativos
Intentó estudiar Derecho y ser mediador, Hizo un curso de resolución de conflictos; lo hizo pero tampoco avanzó.
Creó un taller de autobiografĆa
Nada funcionó del todo. Pero entendió algo clave: el sentido aparece cuando probÔs cosas que te entusiasman y que sabés hacer bien.
āSi no encontrĆ”s eso, hay muchas probabilidades de volver a la fase 2.ā
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Fase 4: Reinventarse y reconectar
No todos llegan. Pero los que lo logran, son los mÔs felices que Moynes conoció. Esta etapa implica responder grandes preguntas:
¿Cómo quiero vivir mis años restantes?
¿CuÔl es mi propósito?
¿Cómo puedo ayudar a otros?
Las respuestas suelen encontrarse en el servicio y estilo activo: enseƱar, acompaƱar, compartir experiencia, ayudar. Pero en la jubilación o en cualquier momento de la vida, saber que podemos valernos por nosotros mismosācaminar distancias, alzarnos con fuerza, estirarnos sin dolorānos evita caer en los ciclos de inseguridad y miedo a perder el control. Esa solvencia corporal nutre la confianza mental: el diĆ”logo interior se torna mĆ”s amable, mĆ”s dispuesto al āyo puedoā que al āĀæy si noā¦?ā.

Cuando, tras navegar por el caos del desconcierto y el vaivĆ©n de los intentos, llegĆ”s a un lugar donde cada dĆa tiene un propósito, estĆ”s viviendo la fase de reinvención y reconexión. Es como despertar un domingo por la maƱana sabiendo que hoy vas a enseƱar algo que amas, compartir tu experiencia y ver cómo florece en los demĆ”s. De pronto, tu agenda vuelve a latir: hay reuniones y se crean equipos, intercambios de ideas, proyectos que nacen de tu propia pasión.
Formaban clubes de cine, bridge, golf o lectura
āEn la cuarta fase, recuperĆ”s todo lo que perdiste en la segunda: la rutina, la identidad, los vĆnculos, la motivación, y el sentido de poder.ā
Pero en la jubilación o en cualquier momento de la vida, saber que podemos valernos por nosotros mismosācaminar distancias, alzarnos con fuerza, estirarnos sin dolorānos evita caer en los ciclos de inseguridad y miedo a perder el control. Esa solvencia corporal nutre la confianza mental: el diĆ”logo interior se torna mĆ”s amable, mĆ”s dispuesto al āyo puedoā que al āĀæy si noā¦?ā.
Si te vinculas positivamente sentĆs que recuperĆ”s no solo la rutina, sino tambiĆ©n la dignidad de tu identidad renovada. Aquellas conversaciones triviales junto al cafĆ© se han transformado en encuentros cargados de significado: compartĆs aprendizajes tecnológicos con vecinos curiosos, guĆas arquitectónicas con estudiantes, o consejos de vida con jóvenes que te miran con admiración. Tu voz recupera el peso del valor que sólo los aƱos te brindan.
La motivación regresa con fuerza renovada: hay objetivos que cumplir, clases que preparar, iniciativas que coordinar. Y, mĆ”s que poder, recuperĆ”s la certeza de que tu contribución importa. Como protagonistas de un relato colectivo, tejĆ©s nuevos vĆnculos y fortalecĆ©s los antiguos, mientras descubrĆs que tu jubilación puede ser la etapa mĆ”s intensa y satisfactoria de todas. Es entonces cuando todas las pĆ©rdidas del pasado se convierten en el combustible de un presente pleno y de un futuro que todavĆa te sorprende.
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Conclusión: prepararse para todas las fases
āDisfrutĆ” tus vacaciones en la primera fase.Ā EstĆ”s preparado para las pĆ©rdidas en la segunda.Ā ProbĆ” y equivocĆ”te todo lo que puedas en la tercera.Ā Y aprovechĆ” al mĆ”ximo la jubilación en la cuarta.ā
Ā ā Dr. Riley Moynes
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ACJ Activa para adultos y toda la vida
En Uruguay, donde mĆ”s de medio millón de personas ya estĆ”n jubiladas y muchas mĆ”s lo estarĆ”n en los próximos aƱos, es clave entender que jubilarse no es dejar de vivir. Es comenzar otra etapa ālarga, profunda, desafianteā que puede ser la mĆ”s rica de todas, si se transita con conciencia, compaƱĆa y propósito y de eso se trata el Programa para adultos ACJ Activa.
En definitiva, la fortaleza fĆsica, la autonomĆa personal y el voluntariado son pilares de una mente serena y un Ć”nimo vital. Cuidar el cuerpo es, en Ćŗltima instancia, cuidar la salud emocional: es un acto de respeto hacia nosotros mismos que reverbera en cada pensamiento y emoción, y nos conecta con una versión de nosotros mismos mĆ”s resiliente, creativa y feliz que puede contribuir con otros.
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